Que alguien aleje a mi madre

Una de las cosas más importantes que alguien (algún familiar, amigo, whatever) debe tener en cuenta el día de tu boda es alejar de ti todas las posibles fuentes de estrés.

En mi caso, aunque mi madre es una de las personas que más amo en el mundo, es también mi mayor fuente de estrés. ¿Por qué? Muy simple: No siempre logro llenar sus expectativas y eso me hace sentir estresada. Por eso la necesitaba lejos de mi durante los preparativos de mi boda.

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Debo confesarles que ese día me la pasé el día entero pensando a qué hora iba a llegar mi madre, hasta que me di cuenta de que mi hermana menor (una de las personas más lúcidas que conozco) pensó en traer a mi madre apenas un par de horas antes de la boda, a sabiendas de que ella es mi mayor fuente de estrés.

En realidad, yo nunca le pedí a Sonia (mi hermana) traer a mi madre apenas dos horas antes de la ceremonia, sin embargo, fue algo que realmente le agradecí posteriormente.

Y es que, el día de tu boda, lo último que quieres es estar sobre-estresada (porque estrés vas a sentir, sí o sí).

Por ende, luego de analizar los niveles de estrés del día de mi boda, llegué a la conclusión de que un buen consejo para aquellas chicas que están en proceso de planificar su boda es hacer una “lista de fuentes de estrés”.

Si en esa lista hay una persona en específico, sería bueno pedirle a alguien de confianza que aleje esa fuente de estrés de ti hasta -ojalá- la hora de la ceremonia.

Por ejemplo, si mi madre hubiera llegado al lugar de la boda desde la mañana, o cuando yo estaba en mi máximo punto de estrés porque las cosas no fluían, hubiera muerto de un ataque del colón irritable pero, gracias a Sonia, ella llegó justo a tiempo: Casi a la hora de la ceremonia.

Otro tip para el manejo del estrés es reconocer, de antemano, que algo va a fallar.

Para que se hagan una idea, el día de mi boda los 90 kilos de hielo que había reservado con un mes de anticipación no llegaron a tiempo. Llamé a la fábrica de hielo media hora antes de la ceremonia para ver a qué se debía el retraso y cuál fue mi sorpresa al enterarme de que alguien que celebraba una fiesta a 50 metros del lugar de mi boda detuvo al carro que transportaba MI HIELO y le compró mis 90 kilos previamente reservados.

Sí, me quise morir, pero mi padre y mi cuñado tomaron el auto y se fueron a comprar todo el hielo del supermercado más cercano. Al final, la fábrica de hielo hasta envió más hielo por la equivocación.

De ahí que también es bueno que, el día de tu boda, alguien te recuerde todo el tiempo que, falle lo que falle, todo está bien. El que adquirió ese papel fue mi esposo quien, cada hora mas o menos, venía, me daba un abrazo, y me decía que todo estaba bien. Una frase tonta, sí, pero que aunque no lo creas te tranquiliza.

Otro consejo es alejarse del lugar de la boda y darse un baño. Recuerdo que en mi máximo punto de estrés fui y me duché y hasta rompí la puerta corrediza de la ducha intentando correrla, pero funcionó: La ducha me tranquilizó y me hizo recordar que se supone que ese debía ser el día más feliz de mi vida.

Así que recuerda, entre más estrés sientas menos disfrutarás, y eso luego no te lo vas a perdonar.

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