Se suponía que yo jamás me casaría

Desde pequeña siempre fui fea. En la escuela me decían “rosa banano” porque tenía tantas pecas en la nariz que solo me faltaba una para ser un banano.

Pelo largo hasta la cintura, siempre peinado en trenzas, lentes, pelos en las piernas y en los brazos (la familia de mi papá es peluda y no me dejaban depilarme en aquel tiempo), unas cejas gigantes (o, mejor dicho, una sola ceja gigante) y, para variar, en la adolescencia tuve más acné que el meme del gordo espinilludo.

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